Estimada
Roxana,
siempre he pensado que en las erratas — error, gazapo,
yerro, errancia — se juega lo más jugoso de una
obra (no hay “obra” sin "publicación",
esto es, sin inscripción en sentido general, sea oral,
'escrita', plástica, etc.). Pues la errata escapa meridianamente
al cálculo inherente a toda operación de escritura
(no sólo ella, también, en sentido lato, la
lectura, aunque ella, la errata, lo hace de la manera más
cruda). Por eso me alegré al advertir que el número
extraordinario de CREACIÓN incorporaba de entrada un
panfleto bicolor y trilingüe dando cuenta de ellas (de
veras, cuatrilingüe, si consideramos el absurdo gazapo
griego); de “Lautréámont” a “Sergio”
(Sérgio) Monteiro de Almeida, quince erratas en una
revista de 120 páginas, no está mal, me dije
— acaso la lista fuera incluso una pequeña historia
secreta a modo de aleph de la obra. Craso error. Crasa errata.
La errata que se presenta como errata sólo viene a
encubrir la restante (y ahora genuina) errata. ¿Qué
queda pues de ‘auténtica’ errata tras esa
sobrepuja de cálculo que es la consumada fe de errata?
En CREACIÓN, por de pronto: “CREAÇÃO”
(CRIAÇÃO), a todas luces (cognancia de
portada), tal carta robada. Económicamente:
toda la próxima lejanía entre el castellano
migrante y el portubrasilero en escritura. Otra, y de mi más
disoluta responsabilidad, “García Lorca”
(en las secciones Tentempie y Vinos, 'dos
poemas de Glauco Mattoso'). Devo á preclara cegueira
do Glauco, quem fez-me lembrete sobre seu heterônimo,
a claridade desta errata: “Garcia LOCA (e não
[García] Lorca), já que o andrógino Garcia
é ‘una persona mucho LOCA’”... ¡Manden
más erratas!
Afectuosamente,
Adalberto Arrrunátegui
MI-CHAUX
De
Carlos Barbarito, lo que sigue, datado en Buenos Aires, el
11 de abril del 2003. R. C.
Estimada
Roxana, en Chile: Acabo de leer la revista "Creación"
donde tuvieron la gentileza de incluir un pequeño texto
mío sobre Michaux en la Revista Sur y en nuestro sur.
Noto que el título tiene un error, en vez de Henri
Michaux se lee Henry Michaux, lo que, obviamente, llevó
a cometer el mismo error en el índice de la publicación.
Una lástima. Pero esto no es lo que me inquieta sino
que el error lo cometí yo mismo, por alguna razón
o sinrazón o misterio convertí sólo en
el título, donde más se nota por el tamaño
de las letras, al belga en inglés. Y en lugar de I.
Cosa que, comparada con otras que ahora mismo suceden en el
mundo, y otras bastante menores pero indicadoras de una situación:
en mi país, Argentina, se robaron el testamento ológrafo
de Discépolo, autor del celebérrimo tango "Cambalache",
y ayer nomás más de cien joyas bibliográficas
de una biblioteca en Mendoza, y meses atrás, cambiaron
piezas del Museo de Arte Oriental por otras dignas sólo
de un comercio de bijouterie (nadie se dio cuenta al parecer),
comparada con otras cosas, decía, resultan mínimas
pero, qué le vamos a hacer, me ponen mal - no prestas
atenciòn, Carlitos, diría alguna maestra de
la primaria-. Perdón entonces al fantasma de Michaux,
a los hacedores de Creación y a los lectores. No se
repetirá. Creo.
Carlos
Barbarito
[Acrea,
pues, Carlos — con plena (ir)responsabilidad nuestra,
también. R. C.]