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Señales (Diario La Voz del Interior, Córdoba, Argentina) / Emanuel Rodríguez.

 

Señales

por Emanuel Rodríguez

 

"Puede venir la sombra tuya / a sonreírme que no vuelves / la sombra tuya como una garza / bajo el poniente despellejado". Hay un poema de Juan Carlos Bustriazo Ortíz que demuestra para siempre que el lenguaje, la naturaleza, la belleza y el amor se atraen como si alguna vez hubieran sido parte de una única materia. Hay un poema de Juan Carlos Bustriazo Ortíz que busca en el delicado límite del barroco la expresión de la música intraducible de la llanura. Unca Bermeja espera, en una edición económica del sello chileno Intemperie, la lectura inagotable de su lengua ansiosa. "Oh mi dormida entre mis brazos / cuántos siglos que no teníate". La experimentación con la enclisis (el pronombre ubicado al final del verbo: "cáeme la luna de las derrotas") deviene en un juego solemne y encantador: la acción precede al objeto, y entonces la prioridad recae en amar y no en lo que se ama, en tener y no en lo que se tiene. "Una vez fuiste una fogata / fuísteme un sol como un desvarío". El erotismo panteísta de Bustriazo Ortíz destina a sus paisajes momentos de potente originalidad, y el motivo eterno de la poesía retoza en estos versos sus versión más libre: la mujer es el mundo en Unca Bermeja, incluso en el desgarrado intervalo dedicado a la tumba de un perro, donde la ternura de los diminutivos parece esconder un secreto sobre la naturaleza del amor: "encontrarélo acostadito / y sus huesos de veinte lunas / alumbraránme con luciérnagas? / ay el Corbata bayito y loco / con su garganta entreblanquita!". Y más tarde: "puedes venirme como una perra / a deshilacharme las miradas / tan cuidadosa como la muerte / oh tan y amándote la cuchilla / la llamarada de tus colmillos...".

 

Porque este libro es para tu boca

 

Como los mejores poemas, Unca Bermeja es infinito y es también una melodía intensa, conmovedora. Un canto de amor que desdibuja un paisaje y lo vuelve a dibujar, a cada pincelada más hermoso. Son 20 composiciones de 20 versos y la última comienza así: "porque mentí desde los umbrales / porque este libro es para tu boca". La mujer es el mundo, el mundo es despiadadamente bello, y la belleza nace de un desgarro, de cierta decrepitud. El llamado a la mujer es un ejemplo de esto: "ay mi casada de tornasoles / mi algarroba de treinta sombras", "mi descaderada chilca augusta", "mi amamantada de la luna" (¿qué, oh Juan Carlos, se hace con un verso como éste?) "mi cepa de la noche canela". Y más tarde: "y ahora estás para vos sola / con tu sonrisa contra el mundo / cáeme la noche desvencijada / déjame más un ay yaciéndote". La complejidad de la frase parece fortalecer la seducción de los versos, la potencia del desgarro.

Durante el anochecer de un 28 de mayo, en Santa Rosa, La Pampa, Juan Carlos Bustriazo Ortíz escribió: "porque este libro es para tu boca / mi tenida de luna en luna / mi arrimada de siesta en siesta / vos estaráste en él mi quejona / hasta saber que érate tuyo". El poema parece terminar unos versos más adelante. Parece.

Unca Bermeja y otros poemas (Intemperie, 2006) incluye, además del poema que entusiasmó tanto las entradas de arriba, otras composiciones de Juan Carlos Bustriazo Ortíz, poeta pampeano cuya obra circuló en un cariñoso secreto hasta que hacia fines del año pasado la edición de este libro y una serie de notas periodísticas llamaron la atención sobre una obra imprescindible. La mayor parte de la poesía de Bustriazo Ortíz permanece inédita y la disponibilidad de este poemario en las calles de Córdoba es motivo de, por lo menos, un brindis en honor de las palabras que nos conmueven. El libro incluye poemas experimentales de una sensibilidad exuberante. Hacia el final de balada arcaica, dice: "no me prendas la flor del exterminio con tu boca antañera tras tu boca no me prendas la flor del exterminio en amor de tu sombra sonadora no me prendas la flor del exterminio!". Y en tan huesolita que te ibas: "tan envidiada de qué sombras la tierra ardía huesolita / la siesta ardía melodiosa tan como ibas tu sonrisa era / una piedra arrobadora y era otra piedra mi costilla / dulcequeamarga solasola cuajada de alta pederería...". El enriquecedor vocabulario de Juan Carlos Bustriazo Ortíz pone a jugar un entusiasmo vertical, abre un abanico esplendoroso de palabras que hacen magia "desde no sé qué escalofrío y en el disturbio de los ojos".


La voz del Interior, Córdoba, 25 de febrero, 2007.

(www.lavoz.com.ar/suplementos/temas/07/02/25/nota.asp?nota_id=47401)