Mattoso
translucinado
por Raquel Olea
Ya en el
título, Veinte sonetos netos, el editor-traductor
de este libro se ha hecho cargo de dejar que se escuche el eco,
la aliteración, la repetición, el deslizamiento,
la extensión o el corte de los significantes, operaciones
que hacen proliferar las significaciones de estos sonetos a
los que se ingresa por la materialidad de la escritura, por
la forma fijada en la tradición del soneto, con la que
el poeta y su translucinador dialogan y se interrogan también
entre ellos.
La genealogía
de esta afición neta la establece el propio poeta en
el prólogo, Latinidad sin latitud, al precisar
su filiación en la tradición ibérica del
género antes que en la matriz itálica de éste
y en la lusófona antes que en la castellana. Por Camoes
y Bocage, dice, pasa al principal representante del barroco
brasilero, Gregorio de Matos.
Hay también
otra vía de acceso a su poesía, la que lo sitúa
en la transgresión al interdicto, en la producción
de signos antihumanistas en la relacion de infracción
con los mandatos sociales y de placer en la crueldad y el escarnio,
en el sadomasoquismo y la excentricidad, ésa que le viene
de la llamada poesía marginal de la década
del setenta. Del posible o imposible encajamiento de estas procedencias,
más otras vecindades dadas por "la infinita oscuridad
de la ceguera" se escriben a fines de los noventa estos
poemas, traducidos de textos en portugués por el translucinador
Isaac Dentrambasaguas, quien se autoconstituye en un yo más,
alter ego o heterónimo de la multiplicidad de sujetos
poéticos desplegados por la escritura de Glauco Mattoso.
VEINTE SONETOS NETOS Y UN POEMA DESPARRAMDO es producción
del traductor translucinador, quien ha tomado textos de los
sonetos tópicos, sonetos nojentos,
sonetos barrocos, sonetos colaterais, escritos
originalmente en portugués y publicados en su mayoría
en 1999. El poema desparramado es el único poema del
libro escrito originalmente en castellano y publicado en el
libro GALERIA ALEGRIA en 2002. Dentrambasaguas sobrepasa el
lugar del traductor, se instala en el texto y se arroga funciones
extraordinarias, como por ejemplo la de contaminar de cursilería
amorosa nerudiana lo cool y distante de la sensibilidad
de Mattoso de cualquier discurso hegemónico — pero
con eso no me voy a meter más allá de decir que
estos poemas podrían tambien productivizarse en los multiples
deslices, cortes y cruces que, entre otros, conectan este texto
con el amor, la desesperación y el desparramo.
Dentrambasaguas
encausa la circulación de flujos de una multiplicidad
poética operada por la produccion de dualidades, de entremedios,
de proliferaciones, de significaciones señaladas en parte
por los pliegues del nombre del poeta, en parte por los efectos
infamiliares de sus otras filiaciones.
Empiezo
por el nombre. Autofiliado al poeta barroco brasilero Gregorio
de Mattos, a quien sin duda le hace un guiño con su nombre,
declara: "lo propio — en sentido figurado: Mattoso
quiere decir bosquimano, o loco”, la referencia reconoce
triplemente un padre, un dato personal y una localización
en el verdor de su Mato Grosso brasilero, "Glauco, tirando
para verdeado". Pero un deslizamiento gráfico, una
sustracción de dos grafias del nombre del padre llevadas
al nombre propio, producen una nueva significación, un
valor agregado del nombre, situado en el entremedio de su (im)propiedad,
para abrir el significante a la marca corporal de su pérdida,
el glaucoma que le quitara la vista. Desde el reconocimiento
de esa particular metamorfosis extiende otra filiación,
ahora a Kafka y reclama su derecho a atención: "metamorfoseado
fue bien barata, Kafka, objeto de estudio y de aprecio; tras
quedar ciego pienso que merezco una pizca de atención,
aun ingrata". Es en los entre, en las plegaduras
de la escritura donde el lenguaje de esta poesía potencia
encuentros, diálogos, disputas poéticas, que desdoblan
las obsesiones del texto por medio de operaciones recurrentes
de aliterar, repetir, sustituir fonemas y palabras que performan
una identidad de errancia, de tanteo; de toques y toqueteos
maestros, que en reiterados descalces entre las tradiciones
de que se sirve y las transgresiones que realiza hace permanecer
la forma del soneto en la contemporaneidad de los sentidos que
la escritura produce. Dos vicios poéticos confiesa Mattoso
en el poema que Dentrambasaguas ha titulado desparramado,
“la repetición y la repetición”, una
de "cosas ya por otro escritas" y la otra de “sí
mismo".
Algunas
obsesiones del texto convocan mi atención y detención
en la lectura y creo que, como lectora, estas se las debo tanto
al poeta como al traductor alucinado, quien sitúa el
deseo de su yo en otro entremedio, entre Mattoso y sí
mismo, pero simultáneamente transgrede, traspasa y transcurre
su lugar tal como el poeta ha transcurrido la poesía
concreta, la transvanguardia, la posmodernidad .
Traductor
y tramoyero de la escena textual, quiero decir que las obsesiones
no son sólo de Glauco Mattoso sino que se efectúan
por la complicidad de quien se ha sabido situar ahí,
no sólo al seleccionar los poemas sino en la producción
secuencial que le da estructura al libro y en la que estructura
nuevos sentidos en los textos. Destaco en ello la formación
de binomios poéticos, como lógica que agrega un
sentido dual a textos que en otra diseminación tendrían
distinta productividad. Así la ordenación de los
sonetos IV y V, ¿Sáfico? y Gláuquico,
X y XI, Filosófico y Concreto, XVI
y XVII, Censurado y Licencioso, otorgan sentidos
a la forma del texto, lo que acrecienta y enfatiza la intensidad
del lujo en la provocación y la producción de
contradicción con que el poeta se goza en su escritura.
Una trinidad de la negatividad introduce el libro con los poemas
Sin tierra, Sinfónico, Inconsútil,
donde la enunciación de un pensamiento negativo se produce
en la significación del No dada por el significante sin
e in- usado como prefijo y como signo de una carencia:
No a la muerte de la utopía: "quien dijo: a
utopía era defunta", en el soneto Sin tierra;
no a la diferencia entre soneto y sonata, "no, non veo
entre soneto y sonata niguna diferencia", en el soneto
Sinfónico, y no al fin del soneto, "no
fugaz cometa que desfallece o pasa transvanguardeando nuestra
edad", en el poema Incosútil.
El cierre
del libro con el poema desparramado, proposición
de un cierto Arte poética o manifiesto localizado al
final del texto y no al comienzo, como suele ser la costumbre,
podría leerse como circunstancia exclusiva de cierre
de estos sonetos, lo que no sobrepasaría la editorialidad
de Dentrambasaguas.
En la otra
repetición, la de "el poeta que se repite a sí
mismo", Mattoso cede a una fijación corporal que
opera una sustitución y desplazamiento del deseo produciendo
una erotica pre-genital del texto en el significante del pie,
lo que me hace volver a la ceguera con una aproximación
freudiana reconocida por el poeta:“no tiene máximo
misterio mi ego: el pie, símbolo fálico evidente,
ilustra todo el mar del inconciente, con olas coloridas pues
soy ciego”. Según Chevalier y Gheerbrant en su
diccionario de símbolos, el pie sería el símbolo
infantil del falo; “pone en juego elementos fijados a
acontecimientos de la infancia que han persistido en la actividad
psíquica inconciente en virtud de una inmadurez erótica".
Una lectura del protagonismo de este significante quisiera conectar
la pérdida de la vista con la pérdida de la centralidad
fálica de la escritura, pérdida por tanto que
produce una ganancia en lo que J. Kristeva ha llamado un posicionamiento
en lo semiótico operado por un desplazamiento de objeto
en el deseo escritural, del falo al pie, del ojo al labio, de
lo uno a lo múltiple, de la marca en lo visible a la
ductilidad del pliegue; del mirar al chupar.
En ese desplazaminto
el poeta asume y se sume en una una erótica de lo pre/edípico,
pre/genital, potenciado no por la exclusividad de la penetración;
el chupeteo gana terreno y ocupa la escritura en un registro
casi publicitario de la fellatio: “fellatio
quintaescencia es del placer / estipula un tratado de erotismo”;
el poeta se sitúa en un erotismo de la tactilidad antes
que de la visión, del desplazamiento y la multiplicidad
antes que de la fijación a la marca fálica. Su
gesto opera una situación de la escritura en lo sensorial,
en los olores, las protuberancias del cuerpos y de los significantes
abiertos por lo ubícuo e incierto del contacto: "el
pie muda la cosa de figura: junto a piñén y orina
hay hediondez, juanetes, callos y, obvio, más anchura".
La ganancia de la pérdida de la vista lleva al poeta
hacia una conexión pre-edípica que escribe la
fluidez antes que la restricción propia de la norma y
la regulación por la ley del género. En este lugar
podría situarse una tensión, una torsión
o una distancia, desde su deseo escritural a la forma del soneto;
"apenas dos asuntos, los consiento, no entran en soneto,
la diarrea y el pie — mas porque sobran, no por veto".
El desafio de Glauco Matosso es ingresar lo fluido del cuerpo
a la forma fijada del género. El soneto Concreto
enuncia algo de esta disyuntiva: "verseo en la clausura,
¡santo ron!, el pie mi palpable tesón, de antaño".
La ceguera viene a cumplir la vieja tópica de situar
un saber del no ver en zonas ocultadas por la preeminencia de
la vista. Otra simbología del pie, más antigua,
sagrada, está ligada a la medición del mundo por
el paso, a la productividad de la huella en el errar del sujeto
por el mundo.