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Latinidad sin latitud / Glauco Mattoso

LATINIDAD SIN LATITUD

(Texto datado en São Paulo, julio del 2003. NdT.)

por Glauco Mattoso

La tradición ibérica del soneto, ya sea lusófona o de habla castellana, es tan fuerte y sólida que llega a hacerle sombra a la propia matriz de latinidad, tierra de Petrarca, quien cristalizó el molde de dos cuartetos y dos tercetos, que a su vez supera el modelo shakespereano, cuyo autor es más notable en dramaturgia, en tanto Camões es insuperable en el soneto.

El canon camoniano, fundado en el decasílabo heroico (acentuado regularmente en la segunda, sexta y décima sílabas), fue adoptado por Bocage en Portugal y por Gregório de Matos en Brasil. Este último es el principal representante del barroco brasilero, adquiriendo también el prestigio de poeta inaugural y la reputación de maldito (debido al cáustico sentido crítico con que satirizaba las costumbres y la política de la época).

A tales tres maestros atribuyo la pasión por el género que se convirtió en mi marca registrada en el reciente cambio de siglo. Pese a haberme iniciado poéticamente en los años ’70, en sincronía con la llamada “poesía marginal” (mezcla de underground y de antifascismo, pues vivíamos bajo dictadura), siempre admiré a los grandes sonetistas (como Bilac o Delfino), aún cuando los pasticheaba y los revolvía en mis panfletos anarquistas y experimentales. Habiendo perdido, en la década de los ’90, una visión ya entonces deteriorada, abandoné la poesía visual y gráfica para dedicarme, ahora seriamente, al poema de catorce versos.

Continué, con todo, practicando la misma resuelta transgresión de los tabúes humanistas y políticamente correctos en la temática, tratando la crueldad con escarnio y la propia ceguera sin escrúpulos éticos.

El resultado de esta postura asumidamente sadomasoquista en relación a la supuesta civilización humana (y no sólo en relación con la relación sexual en sí) fue y tiende a seguir siendo mi aislamiento en la escena literaria, visto que soy un caso demasiado excéntrico. Por otra parte, es esa misma excentricidad lo que despierta la curiosidad del académico extranjero, como los “scholars” norteamericanos David William Foster y Steve Butterman, autores de ensayos y tesis sobre lo que se ha dado en llamar “literatura de transgresión”.

Ahora esta poesía ha llamado la atención de intelectuales latinoamericanos, en México, en Argentina y en Chile, evidenciando que la latinidad del soneto no se ciñe a latitudes y sus fronteras son tan universales cuanto la propia jaula de la humanidad, eufemísticamente denominada “planeta”. Esta plaquette viene a ser un átomo más (que reverbera gracias a las “translucinaciones” de Isaac Dentrambasaguas) en la pulverización de una posmodernidad encajable en los límites de la forma fija y en la infinita oscuridad de la ceguera.

 

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