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No insista, carajo / Carolina Tohá (Santiago, 17/06/04).

 

No insista, carajo

por Carolina Tohá


Conocí a un Andrés Ajenjo, como hace 20 años, o más, y parece que es el mismo Andrés Ajens que escribió este curioso libro. Es el mismo pero no es igual, por eso mutó su nombre, según él: para mostrar que uno no es la misma persona, para contradecir a aquellos que se vanaglorian de seguir siendo como antes, de no mudar, a pesar de las vueltas y revueltas de la vida.

Andrés escribió este curioso libro, decía, compuesto por des palabras y que habla, si no me equivoco, de la tormentosa identidad de un lugar llamado Andes, que a nosotros nos evoca una Cordillera pero al autor parece significarle otra cosa: un lugar con una fuerza latente que las tragedias de la historia y de los hombres y mujeres no han dejado ver.

Andrés es un andinista, pero no de los que practican deporte de montaña, por cierto, y evidentemente, sino de los que se enamoraron y descubrieron lo único, lo especialísimo, de esa mixtura que se produjo allí, entre la Codillera y el norte, que en realidad es un sur, entre Bolivia, Chile y Perú.

Decidió mirar Chile desde ahí, y mirar a su alrededor, y este libro parece ser el lenguaje que surge cuando se ven así las cosas: es irritante, exasperante, es plurilingüe, hace referencia a una cultura híbrida que no sabe ella misma de su existencia.

Por ahí por la tercera lectura uno se resigna y empieza a pensar que por algo Andrés escribió de esta manera. Como queriendo decir que hay una mirada o, más bien, un ser a quien la lengua no le da cabida, y que visitado desde nuestra conversación habitual, desde nuestros lugares comunes y nuestro lenguaje cotidiano es incomprensible, es pobre y sólo es tormentoso.

No digamos que la escritura de Andrés hace esto menos tormentoso. Pero sin duda deja ver otras cosas, no sólo la desgracia, sino también la gracia que oculta, sus referentes y su identidad, su fuerza, el valor misterioso del engendro cultural que rodea nuestras fronteras, hacia adentro y hacia fuera.

Su huemul mula, uno no sabe si es un animal que nace del mestizaje de nuestros huemules y la bolivianas mulas, o si es un huemul un poco mula porque transita por su historia sin entender quién es y de qué está hecho.

Su memorianticipancia es la mejor síntesis que nunca he escuchado acerca de cómo la historia prefigura el futuro, y sus continuidades y quiebres suceden en nuestra mente, muchas veces a pesar nuestro, como una mezcla entre la identidad y el deseo, el recuerdo y el sueño. Esta memorianticipancia es algo más que la memoria colectiva, que la idiosincrasia, y que la historia. Es lo que queda cuando sacamos todo eso. El alma de esta parte del mundo.

La VECINDANCIA parece ser la palabra a ser descubierta, que no es lo mismo que la buena vecindad, que la diplomacia o que la cooperación, palabras que suenan tan rígidas y vacías después de leer 15 veces este texto. La vecindancia es algo así como saber ser junto a otro que se nos parece demasiado para ser tan distinto. Es algo así como tomarle el gusto a las fronteras, y descubrir que en ellas pasa muchas veces lo más interesante que hay para encontrar en esta vida.

Participé hace pocos días en una conversación larga con un personaje peculiar de lo que se ha dado en llamar la Generación de los '80. Su nombre es Beltrán Mena y es el fundador del periódico Noreste. El decía, entre tantas otras cosas, que lo mejor de la vida son las fronteras, que nada es más aburrido y errado que intentar eliminarlas y unirnos todos como una sola voz. Mena decía que de ese encuentro y ambigüedad, de la rareza y el desconcierto que generan las fronteras han surgido las mejores ideas, creaciones, personajes, inventos que conoce la humanidad. ¿Por qué no habría de ser así en estas fronteras nuestras tan miradas en menos?. Sin decirlo, eso dice también Andrés.

Lo suyo es una crítica política pero no es una crítica a la política nomás, no les deja a ustedes ni siquiera esa tranquilidad, porque es la cultura y el lenguaje el blanco hacia donde nos dispara. El libro de Andrés nos trata como un pueblo sin Dios. Sin NUESTRO DIOS. Y lo dice una creyente sin culpa ni arrepentimiento.

Cuántos cambios ha vivido Andrés para escribir este libro. Cuántos tendremos que vivir nosotros para leerlo, realmente.

Como parece que en este texto hay varias vidas (de Andrés) creo que cada vez que lo leamos podremos descubrir una nueva.

Gracias Andrés por tu libro.

Gracias por pedirme que lo presentara, si no, no lo habría leído 15 veces sino 3, y no me hubiera detenido como me detuve. Ojalá ustedes puedan hacer lo mismo y darse ese tiempo. No se arrepentirán.

 

[Texto leído en el Café Bar El Perseguidor, en Santiago, el jueves 17 de junio del 2004. Carolina Tohá es diputada de la chilena República].