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No insista, carajo / Martín Hoppenhayn (Santiago, 17/06/04)

 

NO TEXTO DE UNA ANTIPRESENTACIÓN

por Martín Hoppenhayn


Nada más paradójico que al babélico multilenguado y translenguado Ajens Andreso le dé por presentar un libro impresentable. Si desde que gira en torno al lenguaje, Ajenjo porfía en desarmarlo para desintoxicarlo y que en sus vestigios por fin circule el oxígeno de significantes no domesticados, digo, si Andrés es anti-canónico casi por tautología, qué hacemos entonces ahora embaucados en este recurrente ritual de los lanzamientos, concurriendo ceremonialmente a esta escena en que es tan improbable, visto desde la propia logística ajénsica, que algo se AAAAAAABRAAAAA.

Flaco favor le haría a quien borra la huella de toda posible traducción, colocarlo en el común denominador de los adjetivos de ocasión: excelsa obra, ubérrima originalidad, poeta irreductible, notable violencia del lenguaje, finalmente una voz final. Sería como quien mea el asado pensando que atiza la parrilla. No míster, no chingarás el verbo de tu prójimo. La alternativa podría ser, entonces un anti-lanzamiento, yo un anti-presentador, aunque no sé exactamente de qué se trataría dado que la vida me ha convertido en un perfecto presentador. Supongo que para ello tendría yo que poner lo más irreverente de mí a fin de hacer de esto una parodia de esto mismo, encarnar en mi rol de presentador, el reflejo o reverso del deslenguado mezclador de códigos, en fin, abrir el protocolo. Cómo no sé hacerlo, lo haré.

De puro terco no más insistiré, carajo, con la trama astral y el trauma austral (parafraseo al vate, no crean que este desliz es de mi autoría). Le sigo la pista y el baile al poeta y me lanzo a la imperfecta imposibilidad de reseñar lo que resiste reseñarse. Única opción, me digo. Pero primero habrá que mudar el pellejo, porque qué tiene que ver un oficial a cargo de la CEPAL con todo esto. Habrá que animalizarse e hibridizarse primero y recién entonces desentendámonos.

Probemos: lomo de mula y cabeza de huemul buscan partitura de huaino-rock para ejecutar esta pieza de presentación (Ajens, no hay respeto por la patria, hasta el huemul anda trasvestizado).

Entonces todo de nuevo. Estamos los presentadores y autores y amigos y otros que pasaban por ahí y tal vez de curiosos entraron y los críticos y un cierto porcentaje de aquellos que recibieron tarjeta de invitación -¿hubo tarjeta esta vez, es posible esa tarjeta, qué dirá la tarjeta que invita a la consagración de este texto que desconsagra todo lo que le salga al paso?-. Y entre el que escucha y el que habla, esta escritura políglota que nos convoca, desmontando en reverso el ovillo de la lengua unificada.

¿Por qué cómo negar que este poeta anda de asalto en asalto, en su pulseada vitalicia con el Logos, su duelo a vida con la palabra mentora, su mix feeling con el discurso, el relato, el blablabla. Es la paradoja misma, insisto, de estar convocados ante un texto desbocado (des-bocado, que ha perdido la boca como órgano lineal de modulación y entonces tiene que hablar las lenguas todas del cuerpo todo, tránsito del políglota al polimorfo).

Y como dice un crítico solapado (o sea, en la solapa del aquí mentado libro), estamos ante el más solitario de los poetas. Es cierto, tanta desestructuración no puede llevar compañía. Tal vez tampoco quiera. Pero curiosa paradoja, el más solitario tiene su coté más multitudinario. Bajo sus palabras que riñen con el sentido común, siempre son multitudes que gesticulan, pueblos que tropiezan y amalgaman a mitad de camino entre significante y sentido, en la página cuya escritura nunca es total, porque no hay totalidad cuando las paralelas se cruzan. No insista, carajo, no tiene objeto.

Multitudinario es su convulsa demografía, poeta de pueblos truncos que sólo sobreviven a fuerza de robarse o prestarse palabras unos a otros. No crisol de razas, nada de melting pot o mestizajes folklóricos o sincretismos dignos del día mundial de la diversidad cultural. Más bien quiltraje intersticial, delirio políglota que habla en el filo y en la mezcla a la vez. Boliviano alemán, surdestino y manchego, huemúlico y múlico, cruza monstruosa, animalejo de contrabando, chupacabras de la honorable gramática española.. Sincrédulo, jamás sincrético. No olvidemos: no se trata de enriquecer al sujeto con otro alfabeto sino borrar su huella, retornarlo a su futuro anterior, rudimentarizarlo para sacarle su aullido primordial (nunca esencial).

Nada queda en consecuencia para predicar del susodicho. En vano, pues, buscar tras la firma de Ajens el autor de estas páginas que borran su autoría. La onomatopeya multilingüe no remitirá a autor alguno. Poesía al revés: el hablante lírico es un gran hoyo, un remanente de la cruza de lenguas, un exabrupto que sólo podemos inferir indirectamente desde este trans-significante.

Busquemos por otro lado. Posible elucubración para la ocasión: la poesía de Asenjo y la muerte del autor o la borradura del sujeto, loas al autor que deconstruye el logos a partir de un alfabeto libertario, irreductible, periférico y febril, mirad como pone en entredicho las pretensiones de la totalidad, como escenifica en la forma misma del lenguaje la rebelión del rito, por fin aquí el verbo que latinoamericaniza el decir en su mismo decir des-autor-izado. Sujeto plural que se multifurca y hace operar la desindentidad como triunfo provisorio sobre los saberes poderes. Singularización intensiva y plurilización expansiva. Descentramiento del verbo como no-lugar de auto producción posible. Descentramiento de la perspectiva, desplazamiento interpretativo que desnuda su objeto y por cuyo expediente se genera un plus disolutivo, golpe mortal a la metafísica de la identidad.

Sigo conjeturando: delirio poético y autopoiético, hibridación pulsada hacia adentro y el afuera, brecha insoluble que se produce entre un Logos universal y su resonancia-disonancia interna, desajuste entre lo que la Palabra prescribe como correlato intelectual del mundo, y la respuesta disonante que el pensar de la carne produce, y mediante la cual frustra la pretensión de la palabra. Sí señores, asistimos finalmente al lugar de confrontación entre la carne y la ley, y ahora, ¿quién caerá primero a la lona?

Valen las conjeturas: si aquí estoy en el lugar del lector-presentador, no me queda otra que interpretar, contextualizar, ¿pero y qué? No vamos a domesticar esta cuerda tensa del lenguaje con la retórica de los estudios culturales o poscoloniales o de subalternidad: ulala, cette démarche, critique radicale de la domination enraciné au coeur du langage. Pero por ese lado estamos perdidos: otra vez estaríamos remitiendo la violencia del léxico al pataleo contra el capital. Mejor seguir a Ajens en su propia porfía, tratar de no tocar las cosas con las cosas. Mejor seguir discurseándose a propósito de este texto poético que no, que casi, que iba pero no fue, que parecía que construía pero qué, que abra el abra y abra el abra, afroaaymara y rucasa y roza aguayo y translucina.

Te diré, Andrés, una cosa por otra. De puro empatarte no más (porque en el empate está el verbo, el otro verbo). O simularlo cuando menos, cosa que esto no parezca la presentación que igual es. De puro desacato poético, licencia poética, aborto poético y larva poética que no quiere madurar, no pretende mas-durar. Sé Ajens que no te dejas domesticar, de saltarín nomás, de gnomo sin remedio. Pero no me engañas haciendo pasar tu diatriba por bufonada. Por lo mismo, seguiré dando vuelta sin penetrar en la esencia de tu sustancia mesma, eludiendo tu elusión, redundándote en este eterno retorno del descosimiento del mundo al que aspiras en tu coté de futuro anterior.

Sigamos entonces. ¿Con que perdiste la poesí a los 43? Asunto por verse, Ajens. Astuto por verse. Por milado te sigo leyendo a trancazos, a bastonazos, a postones, a bototos, a chicotes y ráfagas, a baile de culebra y golpes de cajón, a Times New Roman y piedra roseta, a naranjazo y charangazo. Si no te conociera diría que está loco. Como te conozco, puedo decirlo: estás loco. Más aún si la locura está en vivirse de verdad los personajes que las lenguas van materializando, dentro y fuera de la pantalla, en la escritura y en la escrivida. Alquimia en que se funden las razas dentro del propio cráneo exterior, porque al final de eso se trata la poesía, no?: en lugar de la metáfora como cruce de lo heterogéneo, como divergencia de líneas de pensamiento que se crisma, el poliglotismo. En lugar de la tensión intra-lenguaje, la fricción interlenguaje. Se non è vero è ben trovato. Mulas con cabeza de huemul. A la mejor usanza de Monsieur Antonin Artaud, el deslenguado oficial de este juego de máscaras. (¿No es eso al final, un juego de máscaras, vale decir, de personas, no tanto un poliglotismo como una multitud de personajes dentro de uno, un baile desguayangado en su desfile de geitos, de modulaciones, de esqueletos?).

De Artaud, à propos: “sufro que el Espíritu no esté en la vida y que la vida no esté en el Espíritu, sufro del Espíritu-órgano, del Espíritu-traducción, o del Espíritu-intimidación-de-las-cosas para hacerlas entrar en el Espíritu”. Porque no hay desempate, hay tensión poética: Artaud, encore: “En el bullicio inmediato de la mente hay una inserción multiforme y brillante de bestias. Esa polvareda insensible y pensante se ordena según leyes que saca de su propio interior, al margen de la razón clara y de la conciencia o razón traspasada”.

Ajens, aquí me chanto (ici, je me chant). Descumpliendo mi rol de presentador, dicen. A lo Sinatra pero sin atrio: a tu manera. Salud.

 

[No texto leído en el Café Bar El Perseguidor, en Santiago, el jueves 17 de junio del 2004. Martín Hopenhayn es escritor].