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4 ensayos y un poema / A modo de prefacio

 

Notas sobre Germán Bravo,
la vida y la escritura

por Martín Hopenhayn


Es curiosa la vida. Lo mismo que nos hace
sufrir hasta lo indecible, nos hace gozar y
experimentar la más enorme libertad.


German Bravo, Carta de despedida.


I

Partiré por una infidencia. En su testimonio de despedida a los amigos, al cual pude acceder varios meses después que Germán decidiera partir, nuestro amigo dice dejarnos lo escrito como testimonio de su desgarro. A la luz de esta afirmación, la lectura de los textos que siguen resulta impactante y esclarecedora. Impactante, porque es difícil no añadir un subtexto a los textos de Germán, y ese subtexto coincide con lo que Camus llamó el único problema realmente filosófico, a saber, el problema del suicidio — si la vida vale la pena o no vivirse. Esclarecedora, porque arroja muchas luces a quienes intentamos hacer de la escritura un lugar de encuentro entre la propia experiencia vital y la interpretación “ilustrada” de los fenómenos que nos ocupan.

Los textos de Germán Bravo sugieren una estrecha identificación entre quien habla y lo que habla, entre quien piensa y su objeto, entre la sensibilidad personal y el modo de encarar el fenómeno sobre el cual se reflexiona. Trátese del tema de los desaparecidos, los derechos humanos, la droga o los vencidos en la conquista iberoamericana, podemos rastrear a un hablante cargado de intencionalidad.

Es sugerente en este sentido el propósito manifiesto de Germán por apostar a una fenomenología de la conciencia ética. Se trata de pensar situaciones límites, que imploran una lectura ética, pero que empujan la ética más allá de un discurso universal sobre los valores y le pide, como fundamento, una adhesión más entrañable al interlocutor. A la hora de confrontarse con situaciones límite como la represión y los desaparecidos, no es sólo cuestión de juzgar conforme a valores, sino de experienciar situaciones extremas donde la ruptura histórica es también una brecha axiológica y una brecha de sentidos. Y en esa comprensión “participan tanto el sujeto como el objeto de la investigación”. Lejos de la investigación positiva, esta investigación comprometida, intencionada, está puesta en el límite entre el conocimiento y la producción/recuperación de sentidos.

Este compromiso existencial con la propia investigación adquiere ribetes gráficos en el texto sobre los familiares de detenidos-desaparecidos. La confrontación con las víctimas y familiares toca muy personalmente a Germán. Agudiza su propia ambivalencia respecto de la historia política y lo confronta con su recurrente tensión de corte vs. conexión con el pasado. Él mismo lo afirma señalando que su propia ambivalencia “se confrontaba entonces a la ambivalencia de enfrenta a quienes aparecían como los sobrevivientes o testigos límites de ese proyecto derrotado — que algo en mi quería olvidar —, pero que a su vez eran las testigos vivas de una brecha histórica... un hiato en la experiencia misma del tiempo.”

El intento no es fácil en el investigador comprometido. Se trata de recuperar la memoria perdida a partir de un testimonio atascado en la perpetuidad de una agonía (perpetua, por la imposibilidad del duelo en los testigos que no encuentran el cuerpo de la víctima). Esto obliga a su vez a forzar el lenguaje de quien interpreta. Hay que nombrar lo innombrable, darle cuerpo a la ausencia de cuerpo. Allí Germán contrabandea lenguaje poético bajo el formato del cientista social, del entrevistador o del intelectual. Un yo pensante y un yo lírico, uno reflexivo y otro poético, se alternan a lo largo de las disquisiciones. Valga como ejemplo la forma en que describe los testimonios de las familiares de los detenidos desaparecidos: “Una oralidad reiterada al infinito como un canto monocorde que en su repetición logra exorcizar del olvido al nombre invocado”. Y en este ir y venir […]